Qué es el imperialismo?

29 octubre, 2020  Por Nemanja Lukić 0

Hacia los objetivos comunes del antiimperalismo

¿Qué es el imperialismo o por qué es importante tener una definición precisa?

Paremos un momento y pensemos como responderíamos a la pregunta: ¿qué es el imperialismo? Somos un movimiento antiimperialista, luchamos contra el imperialismo, y si nos paran en la calle, ¿qué diríamos, qué es lo que intentamos combatir? Es muy probable que cada antiimperialista diese una definición diferente, sin ser necesariamente consistente con la definición de los demás antiimperialistas. Puede resultar un problema banal, pero tiene consecuencias muy profundas: si no existe el consenso sobre qué es el imperialismo, entonces no puede existir unidad en la lucha porque no existe el consenso sobre los objetivos comunes.

Cuando la gente piensa en imperialismo, lo primero que le viene a la mente es intervención militar o algún tipo de injerencia en los asuntos de otros países. Con «injerencia» nos referimos a la violación de la soberanía en cualquier ámbito, sea militar, económico o cultural. Por eso, a veces encontramos términos como: imperialismo cultural, imperialismo económico, etc. En ese sentido, el imperialismo se presenta como un tipo de política exterior de determinados países.

A veces encontramos ideas sobre el imperialismo en el sentido de relaciones de dominación y dependencia entre los países. Esas ideas van más allá de la idea de simples políticas exteriores e intentan explicar el imperialismo en términos de relaciones de poder entre los países ricos y los países pobres.

La definición mas común que encontramos es la definición clásica de Lenin. Lenin define el imperialismo en cinco puntos:

  1. la concentración de capital produce monopolios nacionales,
  2. el capital industrial y banquero se funde en el capital financiero, dando luz a la oligarquía financiera,
  3. la exportación de capital sustituye a la exportación de mercancía,
  4. formación de monopolios internacionales, y
  5. división territorial del mundo entre las potencias capitalistas.

Una interpretación alternativa

Mientras los planteamientos anteriores no son equivocados y captan las características esenciales de lo que es el imperialismo, se puede decir que no consiguen abordar el problema en su totalidad. De esa manera, si nos enfocamos en uno o unos pocos aspectos del imperialismo, podemos sacar conclusiones erróneas que pueden llegar a ser contraproducentes.

Llegar a una definición común es un trabajo colectivo de todos los antiimperialistas. Nosotros queremos dar el primer impulso a este proceso de debate y proponer una definición basándonos en las últimas investigaciones académicas dentro de este campo realizadas por Torkil Lauesen, Zak Cope y Donald Clelland, entre muchos otros.

Aunque es muy complicado reducir un concepto tan complejo a una sola frase, nos gustaría proponer la siguiente:

El imperialismo es un sistema jerárquico basado en la transferencia de valor, que constituye su infraestructura económica, a la vez que está siendo reproducida por la superestructura ideológica, política y militar.

La clave de la definición se encuentra en el planteamiento de que se trata de un conjunto integral cuyos elementos son los estados individuales y que comparten procesos comunes (un sistema). Los estados individuales producen valor (también lo podemos llegar a llamar riqueza, superávit económico, etc.) que no se queda necesariamente dentro de sus fronteras, sino que, gracias a los mecanismos económicos, fluye a otros países. Los estados en este sistema forman una jerarquía según el flujo de valor, de tal manera que los países que producen el valor y no lo disfrutan se encuentran en el fondo de la jerarquía, mientras que los países que se apropian y disfrutan del valor creado por otros países se encuentran en la cima.

Hay otras maneras de referirse a esta división, por ejemplo: Sur global–Norte global, Primer mundo–Segundo mundo–Tercer mundo, etc. Según la tradición de la teoría de la dependencia y el análisis del sistema-mundo, este tipo de división se llama jerarquía centro-periferia y consiste en tres elementos:

  1. periferia: los países en el fondo de la jerarquía,
  2. centro: los países en la cima y
  3. semiperiferia: los países con un estatus intermedio que se benefician del valor extraído de la periferia pero a la vez pierden una parte de ello en favor de los países del centro.

Esa base económica del sistema es el capitalismo y su lógica de acumulación. Cuando se habla sobre capitalismo, se habla dentro del marco de los estados individuales y en términos económicos abstractos. En la práctica, el sistema imperialista es la forma real existente del capitalismo. Por esa razón, el imperialismo también puede llamarse capitalismo global.

El imperialismo en el sentido del flujo de valor desde periferia hacia el centro del sistema está institucionalizado y sus instituciones se transformaban y adaptaban a cada época. Así podemos distinguir periodos históricos del desarrollo del sistema a los periodos del colonialismo clásico, el neocolonialismo y el neoliberalismo.

El colonialismo clásico trataba de incorporar territorios no-capitalistas al sistema utilizando la conquista militar, mantener el sistema por la fuerza y la gestión directa de los territorios coloniales y de aplicar formas extremas de coerción del tipo esclavitud para extraer valor de la mano de obra periférica.

En el neocolonialismo, la aplicación directa de la fuerza fue sustituida por la independencia formal de las regiones periféricas y su dependencia de facto a través de la «cooperación» militar y económica.

La época actual del neoliberalismo se basa en instituciones que se encuentran por encima de la soberanía de los estados y que controlan los mecanismos del mercado: FMI, Banco Mundial, etc.

Lo que garantiza la integridad de esta base económica es la superestructura del sistema. La superestructura se manifiesta en las políticas militares, políticas e ideológicas. Mientras la fuerza militar y las relaciones políticas mantienen el equilibrio del sistema económico de expolio, la ideología le da legitimidad y construye el sistema moral para sostener los estereotipos que permiten no cuestionar el status quo.

¿A que nos referimos con equilibrio en el sistema? Los países periféricos están en una posición que les condena al subdesarrollo perpetuo, una situación que quieren cambiar. Para poder cambiarla, tienen que cambiar el modelo económico a uno que es contradictorio con la lógica del modelo del sistema entero. Ese cambio y posible desconexión del sistema puede provocar crisis del sistema y bloqueo en el proceso de acumulación de capital y riqueza. Los ejemplos de ese tipo podemos verlos en los países que se resisten a la lógica sistémica, tales como la República Democrática Popular de Corea, Cuba, Venezuela, etc.

En la zona semiperiferica tenemos estados que quieren subir en la jerarquía del sistema y desafiar a los países del centro y su hegemonía. Hoy en día tenemos el ejemplo de China y Rusia, cuyo desarrollo supone un peligro para los intereses de, por ejemplo EEUU. Antiguamente, la URSS amenazaba con el cambio de la lógica del propio sistema.

A la vez que los países de abajo luchan para mejorar su posición dentro de la jerarquía, los países del centro luchan para no perder su posición dominante. El ejemplo lo podemos ver en EEUU, que está intentando preservar su posición hegemónica por todos los medios.

En todos estos ejemplos anteriores podemos ver como la intervención militar, la injerencia política, la presión económica y su justificación ideológica sirven para evitar cambios en la lógica del sistema y preservar el «equilibrio» que garantiza el bienestar de unos pocos a costa de la miseria de muchos.

Por lo tanto, en lugar de entender el imperialismo como un conjunto de estados en forma de entidades más o menos autónomos, proponemos analizarlo como un sistema integrado con procesos comunes.

Consecuencias de nuestra interpretación

Si comparamos nuestro enfoque con las demás ideas sobre el imperialismo, podemos sacar varias conclusiones importantes que afectan a la estrategia de la lucha.

Cuando hablamos sobre imperialismo en el sentido exclusivo de una política exterior agresiva e injerencista, se suele poner en el contexto de un país o potencia en particular, por ejemplo: «el imperialismo estadounidense». Si se trata de políticas, y ponemos todas nuestras fuerzas en pararlas, ¿podemos acaso decir que el fin de estas políticas significa el fin del imperialismo? Según nuestra perspectiva, no. Según nuestra propuesta, las políticas agresivas son una manera de mantener la posición en la jerarquía, por lo cual, el fin de esas políticas simplemente significaría que otra potencia tendría la oportunidad de quedarse con el «botín» de la primera potencia.

De la misma manera, si consideramos el imperialismo solo como una relación de dependencia, ¿podemos suponer que el respeto de la soberanía del país dependiente acabaría con el imperialismo? Otra vez, no. Las épocas anteriores nos muestran que eso puede no ser el caso. La ola de la lucha anticolonial y la lucha por la liberación nacional, aunque ha traído una inmensa emancipación de los pueblos oprimidos, no supo vencer a la lógica de la acumulación capitalista y de nuevo se encontró en la posición de dependencia. El imperialismo se adaptó a las nuevas circunstancias y encontró la manera de restablecer el «equilibrio».

Hablando de la definición de Lenin, podemos decir que pertenece a una época histórica particular y no refleja todas las maneras de la evolución imperialista hasta el día de hoy.

Hacia una estrategia común

Para poder poner nuestra perspectiva en practica, sería importante hablar sobre el método de análisis. La tradición Marxista nos ofrece una herramienta muy potente: la dialéctica. Basándose en la obra de Mao sobre la contradicción, el académico antiimperialista danes Torkil Lauesen, en su obra «La contradicción principal», presentó una manera de desarrollar la estrategia analizando contradicciones dentro del sistema.

Primero, ¿qué es una contradicción? De manera sencilla podemos decir que se trata de dos piezas mutuamente dependientes que se encuentran en oposición.

Los procesos en el sistema se desarrollan a través de las contradicciones. Por ejemplo, si pensamos en las relaciones entre los que producen el valor y los que se lo apropian, podemos identificar contradicciones a varios niveles: entre los estados a nivel regional o mundial, entre las regiones dentro del mismo estado, entre las clases dentro de una sociedad, etc.

Además, en la actual época neoliberal, podemos encontrar las contradicciones entre el estado y la acumulación (la necesidad del pueblo de mantener el estado de bienestar y la necesidad de los capitalistas de eliminarlo para facilitar la acumulación de riqueza), entre el crecimiento económico y los limites naturales (la necesidad de expandir la producción y los mercados para aumentar los beneficios por un lado y, por otro, los recursos limitados del planeta).

Las contradicciones son numerosas, pero solo una es la dominante. Por lo cual, si el imperialismo es un sistema, entonces todas las contradicciones surgen de su estructura. En este sentido, la contradicción principal y dominante aparece en la lógica capitalista de acumulación. Sus consecuencias son el bloqueo del desarrollo de la periferia (causado por la transferencia de valor) y la competencia entre los países del centro para el acceso a los recursos y a los nuevos mercados.

En otras palabras, todos los problemas que observamos en la actualidad: pobreza, guerras, catástrofe ecológica, discriminación e inmigración, son todos parte integral y a la vez consecuencia, de la lógica capitalista de acumulación. Inevitablemente reaparecerán de nuevo si no es elimina su origen, que es la principal contradicción del imperialismo. Con ello, se eliminará el imperialismo también.

Errar en la identificación de las contradicciones dentro del sistema puede afectar a nuestra estrategia de lucha de tal manera que, sin ser conscientes de ello, acabamos apoyando políticas, grupos o movimientos que fortalecen el imperialismo en lugar de debilitarlo. La trampa más común es la llamada «tercera vía» o «ni-ni», que se enfoca en las contradicciones secundarías y a la vez refuerza la primaria. Ejemplos de tales posiciones los podemos ver en las actitudes como «Ni Assad, ni OTAN», «Ni Maduro/Lukashenko/Ortega/(poned el nombre de vuestro «dictador» favorito), ni oposición», etc. Aparte de confundir las victimas con los verdugos, quienes así argumentan también ignoran la marginalidad de su propia fuerza y su falta de capacidad para convertirse en un actor relevante para llevar a cabo su objetivo ideal. Con ello, su actitud se convierte en un apoyo implícito a las fuerzas sistémicas.

Por lo tanto, analizando las contradicciones, lo mas importante es:

  • poner la lucha local en el contexto mundial en la relación con los procesos y actores en el mundo entero,
  • entender nuestro lugar en estos procesos y como podemos fortalecer la lucha, y
  • tener una estrategia clara con el objetivo de debilitar el imperialismo.

Foco transnacional

El sistema imperialista o el capitalismo global, se encuentra en crisis sistémica. El actual sistema de acumulación ha llegado a los límites de crecimiento y está amenazado por sus propias contradicciones. La consecuencia puede ser o la transformación o el colapso. Lo que no sabemos es si el resultado final va a ser un nuevo sistema de expolio o será un sistema más justo. Lo que sabemos con total seguridad es que un sistema mejor no va a aparecer por si mismo. Hace falta construirlo y para eso necesitamos un movimiento.

¿Que tipo de movimiento será capaz de construir un mundo nuevo? El primer obstáculo que hay que superar es la idea de que el ámbito de lucha tiene que ser local y nacional. El imperialismo es capitalismo global, es un sistema que cubre el mundo entero y que no respeta las fronteras. Las fronteras no son un obstáculo para el capital, sino solo para las personas. Por lo tanto, el foco del nuevo movimiento tiene que ser global desde el principio. El movimiento ha de ser transnacional, la lucha antiimperialista no puede ser sometida a los objetivos de la lucha local, ya que lo «local» es la consecuencia directa de los procesos globales.

El segundo obstáculo es identificar los grupos y movimientos con carácter antisistémico. No todos los que a si mismo se llaman antiimperialistas debilitan el imperialismo, igual que muchos movimientos que no se identifican con el antiimperialismo pueden tener un efecto (de manera consciente o no) debilitador del sistema imperialista. Por lo tanto, el nuevo movimiento ha de ser antisistémico, incluyendo todo tipo de movimientos que tienen la finalidad de acabar con la lógica de acumulación capitalista.

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