DETERIORO EN ECUADOR, PROTESTAS POPULARES Y REPRESIÓN ESTATAL: ¿Qué bases nacionales determinan al llamado “viraje neoliberal” y los ajustes de obediencia al FMI?

Nosotros –el COMITÈ ANTIIMPERIALISTA- nos solidarizamos con el pueblo ecuatoriano agraviado por las medidas anti-populares emprendidas, y lo hacemos con independencia de atención a cualquier identidad (“indígenas”, “estudiantes”, “jóvenes”, “pequeños ahorradores”, “pensionistas”…) o a cualquier categoría profesional desempeñada al seno de la estructura económica (taxistas, camioneros, vendedores ambulantes, administrativos, hosteleros, mineros, canteranos, tenderos, irrigadores…). Al mismo tiempo, nosotros denunciamos cualquier planteamiento pandillero y cualquier acto de pandillerismo camorrista, abonado no importa por qué actor (interno o externo), y que hace del río revuelto su ganancia venal. Pensamos que lo último que interesa, en su proceso actual, al pueblo ecuatoriano, es el guerracivilismo o la épica de sillón traslucida en algunos de los comunicados que llegan estos días desde el Primer Mundo.

Nosotros nos negamos a la formulación de cualquier lírica in diferido respecto de las algaradas violentas en las calles y carreteras. Pero, inseparable a esto, denunciamos la represión del Estado y lamentamos, sin relatividades, la muerte de cualquier ecuatoriano más allá de roles, el daño físico (también el padecido por los jóvenes uniformados enviados a la fuerza por el Estado) y cualquier agravio material a los medios de vida de los laboriosos. Deseamos que el pueblo ecuatoriano sepa hallar, en paz y con sabiduría, las fórmulas a implementar para su desarrollo nacional, atajando su actual dependencia financiera. Pero, con mayor profundidad, deseamos verlo emprender políticas productivas radicales que libren al país de girar al interior de esa centrifugadora de riquezas que es la dependencia de liquidez capitalista.

Sabemos del idealismo de quienes piden, de una piedra pesada, que deje de ser pesada y hasta de ser piedra. ¡Se trata de su naturaleza física! Sabemos también respecto de la naturaleza social del FMI. Ya una ingente cantidad de información y analítica se encarga de caracterizarlo, así que no lo vamos a hacer nosotros. Ahora bien: el vínculo de dependencia contraído, junto con los subsecuentes requisitos impuestos a la devolución (reajustes, demostración de saldos no demasiado deficitarios al interior del Estado y su arcas…), ¿serán la consecuencia de un viraje orquestado hacia “el neo-liberalismo”? ¿O hemos, en cambio, de identificar en procedimientos anteriores las raíces de la relación cada vez más plomiza entre acreedor y deudor, y así del viraje neo-liberal?

El anterior Gobierno ecuatoriano implementó varias iniciativas de insumisión a las relaciones de endeudamiento. Se re-elaboraron las cuentas con arreglo a la variable de “deuda odiosa”, y deduciendo de la columna “DEBE” su parte alícuota; se de-dolarizó la moneda; se procedió a la limitación jurídica de las funciones legales de los fondos de inversión/prestamistas en suelo ecuatoriano y ante la interlocución “pública”; se dirimió ante tribunales internacionales alrededor de la huella ecológica impresa por los monopolios petroleros y fueron recaudadas sendas indemnizaciones…; etc. Estos cambios introducidos en la balanza de fuerzas con el Capital llamado “internacional” (aunque más bien se trate de una gigantesca corporación tribal que opera a lo ancho del Globo), se auto-condenan a dar frutos de rápido agotamiento si no se despliega la variable fundamental: ¿qué modos de acumulación de capitales emprende el país a fin de hacer sostenibles los cambios sociales de calado y en la maquinaria estatal?

Recordemos las medidas estrella anunciadas por el Gobierno del ex Presidente Correa: montar parques universitarios de I + D; vender las innovaciones patentadas; fomentar el asentamiento estudiantil internacional en los campus para producir más innovación (ver la teoría del “Capital humano”); desarrollar biotecnología, biocarburantes experimentales…; producir Capital a partir de la extraordinaria biodiversidad geográfica ecuatoriana (recordemos sin ir más lejos a Charles Darwin y su investigación en las islas Galápago como puerta viva a la historia natural de las especies…); otorgar derechos de explotación petrolera a monopolios estadounidenses a cambio de cobrar esas concesiones; etc.

En las últimas etapas la acción ministerial se vuelca también en promocionar el turismo, evocando paisajes inalterados y ciertas “artes de subsistencia” folk inquebrantadas (por ejemplo la pesca). Y se vincula la biodiversidad a la diversidad antropológica y, en la práctica, a la escena performativa de “los pueblos indígenas” bajo “su hábitat a día de hoy”. Paralelamente, la inversión del Estado en el propio Estado y en sus administraciones delegadas, la inversión política, en estructuras “públicas” e infraestructuras…, experimentan un paulatino auge.

¿Qué clase de revolución productiva ha sido implementada, que pudiera hacer sostenible tal cambio de moldes? Ninguna. Es más: el llamado distribucionismo social, así sin revolución productiva, no es nunca tal. Se trata de multiplicar las cargas sociales diferidas, que revelarán su peso con el inicio del flujo de pagos de la compra de deuda, de las emisiones o de los empréstitos estatales.

Incluso erigir una banca nacional dirigida a financiar (hipotéticos) planes productivos e iniciativas, es bajo este contexto una operación deficitaria a corto y a medio plazo. Porque la debilidad monetaria nacional refleja la debilidad productiva nacional. Pero al mismo tiempo la banca nacional ha de retornar los préstamos en $ y ello no hará más que ahondar en el círculo del endeudamiento hasta la (supuesta) erección de entramados productivos con acumulación.

A la debilidad de riqueza y presupuestaria derivada de toda la charlatanería gubernamental alusiva al “valor añadido por capitales intangibles”…, hay que sumar el durísimo golpe que ha supuesto para Ecuador (y para otros), la fallida funcional de la mayoría de ententes supranacionales puestos en marcha en su día por la Venezuela chavista, en materia comercial y de inversiones para el caso que nos ocupa. Hecho que vuelve a demostrar por enésima vez hasta qué punto la emancipación para el mundo hispano es irrealizable sin superar la fragmentariedad de destinos más toda esa apologética de la fragmentación impuesta al sentido común de las poblaciones por nuestros enemigos históricos y sus psicodélicas comparsas comunitaristas, indigenistas, hispanófobas, calvinistas, “zapatistas”, “afroamericanistas”, etc.

No sería en absoluto cierto afirmar que Correa y Lenin Moreno son lo mismo. Pero sí lo es afirmar que es Moreno quien se encuentra entre las manos con la bomba de relojería agotando el contador. Y es también cierto afirmar que se trata de una bomba gestada con anterioridad. En cualquier caso, el imaginario común a ambos gobiernos ha pivotado entorno a los conceptos (imbricados) de “provisión social” y de “nuevas economías”, hacedores de las delicias de las nuevas élites globalistas con su Agenda de “sostenibilidad”, “capitalismo verde”, “decrecimiento”, etc. Callejón sin salida sufragado precisamente por los organismos internacionales prestamistas en manos de esas mismas élites.

Nosotros no pensamos que Correa o Lenin Moreno sean superficiales ni nada por el estilo. Tampoco pensamos portar con nosotros una fórmula clarividente que a ellos no se les hubiera ocurrido.

Pensamos, en cambio, que sus respectivos proyectos de “desarrollo” han venido siendo, y son hoy, el reflejo de nuevas clases funcionariales afincadas al desarrollo real del Estado ecuatoriano durante las últimas décadas de distribucionismo. Nomenclaturas, éstas, poco interesadas en la concertación de fuerzas hacia la industrialización nacional. Y sí muy interesadas en el mantenimiento de su aparato de actuación a base de inyecciones ingentes de deuda exterior, tanto como a base de mordidas a las inversiones, a las importaciones y al asentamiento de patentes “occidentales” o chinas en su suelo “patrio”.

En resumidas cuentas: es ridícula la tesis de la izquierda, que contrapone el “modelo keynesiado” al “neoliberalismo”, pues ambos son polos en dialéctica de continuidad bajo cualquier condición de no-desarrollo productivo de capitales. El modelo keynesiano es paradigma de las estructuras de vida primermundistas (privativas y privadas para unas cuantas sociedades) a costa del Tercer Mundo. En este tercero, y de no haber consecuciones importantes de independencia productiva, es el keynesianismo la raíz determinante del “neoliberalismo” bajo los ciclos donde se revela la relación verdadera con las fuentes “internacionales” de financiación. El ex Presidente Correa actúa de manera cínica cuando achaca a un supuesto talante traidor de Moreno la ejecución de políticas correlativas a la entrada de Ecuador en una nueva fase de endeudamiento. Hasta este estallido de realidad, tal relación de fondo había permanecido más o menos oculta tras una ideología rosa acuñada por la clase burocrática y a la sombra del Estado inversionista. Contra el interesado pensamiento único demócrata que a fecha de hoy nos anuncia que Con industria no hay futuro para el Planeta”, la verdad es que sin la industrialización soberana de los países del Tercer Mundo NO hay futuro, fuera de miseria y sumisión financiera, para la inmensa mayoría de la humanidad.

COMITÈ ANTIIMPERIALISTA

En Granollers, 12 de Octubre de 2019