El Comitè Antiimperialista (Catalunya) quiere expresar aquí su denuncia por el asesinato policial de seis estudiantes normalistas y por la “desaparición” de casi medio centenar durante sus prácticas de docencia rural en el Estado de Guerrero (México). Transmitimos, así mismo, nuestra condolencia solidaria a los familiares de las víctimas y a la gran fuerza social en movilización contra lo ocurrido y sus responsables. Comunicamos, en fin, nuestra repulsa ante el espectáculo de hipocresía ofrecido por los grandes partidos, fieles gestores de las clases dominantes mexicanas y, más hondamente, de la Superpotencia hegemonista que rige a éstas últimas. Hablamos de esos partidos que integran la comisión investigadora sobre las “desapariciones” mientras manifiestan por escrito su rechazo a la pervivencia de las Escuelas Normales rurales mexicanas por considerarlas “semilla de guerrilla”. Hablamos, por ejemplo, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuyo alcalde en Iguala y gobernador en Guerrero son “civilizados” padrinos de las bestias paramilitares Guerreros Unidos, secuestradores materiales de los normalistas.

       En este mismo sentido, no creemos que el trasfondo de autoría obedezca a “sátrapas locales”, “a la corrupción”, “a la narco-mafia” y ni tan siquiera a “caciques agropecuarios empleadores de matones a sueldo”. De todo eso hay en uno u otro escalón de la pirámide, pero, considerando las cosas en su globalidad, nos hallamos ni más ni menos que ante un crimen de Estado, quien está hoy sirviéndose de la contra-insurgencia organizada tal como décadas atrás la connivencia política méxico-yankie mandaba a mercenarios de la CIA a derramar sangre joven en mitad de Tlatelolco. No vamos, por tanto, a exigir celeridad ni seriedad al Estado mexicano en la investigación de los hechos o en la búsqueda de los cuerpos (tal vez muertos y enterrados por los propios secuestradores), pues nos asquea el tétrico circo de los asesinos designando cabezas de turco.

Por demasiados años ya, la nación mexicana malvive en una lánguida postración a los caprichos hegemonistas: a sus Tratados de “Libre Comercio”, a su importación dosificada de Fuerza de Trabajo a hiper-explotar, a sus maquilas (de frontera muchas de ellas), a sus prospecciones, a su Bolsa de Chicago imponiendo exportaciones monopolistas cerealeras al corazón mismo de la “cultura del maíz”. A cambio de gestionar la ruina del país, la burguesía burocrática azteca cobra un % al registro estadounidense de patentes mientras el Gran Jefe Sam permite el ingreso de PEMEX en el Club imperialista internacional, comprando grandes paquetes accionariales de REPSOL o exportando capitales a Galicia.

En tal contexto político y bajo su correlato de miseria material, los jóvenes normalistas instructores devienen genuina Bestia Negra del Statu Quo oligárquico-imperialista. Su eliminación pasa, pues, a formar parte de la Razón de Estado, y no de uno u otro “exceso” o “irregularidad” inscrita a comportamientos “regionales”. Alfabetizando e ilustrando a los jornaleros sin tierra y al arrendatario o al parcelero pobre, los practicantes ofrecen al indígena y al campesino la llave de acceso al arma de la dialéctica. Al tiempo, generan en esa masa social la conciencia de que la erradicación de sus miserias “particulares” es batalla a librar en el terreno nacional del Poder Político. Esto significa: a librar en la producción de Nuevo Poder que vehicule todos los rostros e identidades “particulares” de miseria en el Ser social comúnque los atraviesa a estos, por la liberación nacional del Pueblo mexicano contra los enemigos también comunes a todo ese Pueblo.

Tanto el Gobierno mexicano como sus Amos nacionales y extranjeros pueden transigir –y hasta descansar tranquilos- con movimientos sociales integrados por sujetos de auto-conciencia cosificada bajo la identidad “indigenista”, micro-“comunalista” o “campesina”, perfectamente introvertidos en territorios ideológicos y geográficos periféricos ajenos a ocuparse activamente de la cuestión del Poder. Y, si las experiencias autogestionarias se pasan de rosca, el Estado, fulminante, las barre. La oligarquía no puede conciliarse, en cambio, con la apertura de “los muertos de siempre”, por boca y labor de los docentes normalistas, hacia la ideología revolucionaria y al pensamiento de Mao. Pues éste enseña que la única dialéctica entrañada de potencial superador de la opresión y la explotación es una dialéctica de Poder contra Poder, donde la acción debe exo-proyectarse hacia una Totalidad sociológica y geográfica. Y donde el Pueblo se cierna a apropiarse del epicentro político de la nación –la ciudad-, subvirtiendo su condición actual de territorio del Estado oligárquico y de sus instituciones. Tareas para las cuales los protagonistas de la dialéctica deben auto-asumirse en su condición de sujeto nacional, más allá de su cosificación de “pertenencia” a urbe, aldea, comunidad o sector productivo.

Es en ese punto preciso de no retorno donde la expresión zapatista “Tierra y Libertad”, por encima de la interpretación “orográfica” que hace de ella el auto-gestionismo indigenista (como mero terreno físico a explotar horizontalmente), se le revela al campesino en su significado genuino de metáfora que designa la propiedad popular del Poder Político y la Soberanía popular sobre el país (“Tierra”) como condición permisiva de la libertad. Cuando sucede como en México; cuando el ciclópeo Potencial de riqueza, de recursos, de técnicas, de dignidad y de producto social que un gigante mundial maniatado atesora, aparece subdesarrollado por los poderes interiores a la vez que enajenado y pervertido por poderes exteriores, entonces la autogestión localista significa, como mucho, auto-gestionar la adaptación. Pues el horizonte mismo de lo auto-gestionable se revela estrechamente demarcado por la Dictadura de la alienación política y material. No hay destinación material a la necesidad social, o bien el rentismo burocratizado ni tan siquiera es capaz de producir las estructuras de lo que habría de ser destinable.

Así las cosas, no hay más emancipación que dirigirse a “tomar el cielo por asalto”. Es decir: a tomar el Poder sobre la materialidad del país como si de una colosal Fuerza Productiva se tratara, presta a ser desarrollada, alterada y desviada por el Pueblo y para el Pueblo, auto-gestionándose al máximo, por lo demás, esa relación social que se da rumbo a revolucionar el dominio de clase. Los enseñantes normalistas, portando a Marx, a Lenin y a Mao hasta el campo para integrar el campo mismo en la dialéctica de liberación nacional mexicana, derogan entre el campesinado pobre el tramposo paradigma de lucha centrado en una auto-afirmación de minoría (“indígena”) apolítica y aspirante a coexistir en autonomía respecto del viejo Estado. Restituyen así en Agenda al auténtico Emiliano Zapata, adverso por raíz a su caricaturización “zapatista”.

Para estos enseñantes y para sus núcleos campesinos de trabajo, la oligarquía vende-patrias solamente tiene pólvora y plomo, no reservándose más que el desmantelamiento de la estructura y función docente pública rural (que fue conquista de la propia revolución mexicana). Pero así, evidenciando qué sujeto y qué perspectiva encarnan el Gran Miedo estatal, la mencionada dialéctica Ideología contra Ideología-Poder contra Poder no puede más que revelar su verdad ante los jornaleros, ante los campesinos, ante el Pueblo de México, quien toma así consciencia y obrará en consecuencia.

COMITÈ ANTIIMPERIALISTA,
En Barcelona, 30 de noviembre de 2014