El cambio bolivariano es subversión en el orden del Ser social para cada individuo del pueblo. Quienes no tenían más remedio que vivir soñando, consolándose con un “la vida es sueño” en un suspiro de espectáculo o en embriaguez de quimera sin horizonte, ahora pueden vivir lo que sueñan, materializándolo. Cierto que no es todavía el “todo han de ser” que el himno invoca. Pero se es algo. Y esa diferencia no admite contabilidad: es infinita la distancia que va del 0 -de la Nada- al 1.

El poder salir a la calle, y que eso cuente. O mejor aún: el no tener que salir a la calle, pues se posee Política en las manos. Con las manos el Algo esculpe patria. Con cabeza y corazón se auto-esculpe ese Algo. No ya la sociedad amorfa de carnaza vendida a la fiera competición con el vecino, y al mutuo recelo. No el Tú O Yo en el mercado de residuos supervivenciales. Es el tiempo del Tú Y Yo. El “todos para uno y uno para todos”. Ese regalo de vida portó el Comandante eterno.

No hablamos ya solamente del derecho a sanarse. Sino de la posibilidad material de crecer y estar sano. Se acabó el andrajo mendicante de ser perdonado por quienes distribuyen cuotas tecnocráticas de “Población Sobrante”. Se acabó auto-apartarse la mirada con vergüenza de oír lo que al Norte se dice, se desprecia y se llora del “pobre venezolano”, del “paria americano”. No aparecer ya por más tiempo en las pantallas siendo “víctimas del atraso”. Toma Poder el indígena para ser indígena y ser mucho más que eso. Ya no más indígenas empáticos enlatados en Reservas de “pureza” para compasión y disfrute del turista bucólico. Indígenas teniendo que representar humillantemente el espectáculo de su propia cosificación paralítica, a-histórica, sirviendo el requisito del oenegero y de su austero Ideal de buensalvajismo… para los demás.

Los en otro tiempo pedazos de átomo suburbiales sin rostro, sin Yo y sin Otro, sin más rumbo que el de consumirse o despedazarse por sobras, tragados en aparcamientos humanos por la superproducción de cosas, desvalorizados proporcionalmente a la valorización, en subasta, de su producto material enajenado, ahora alzan la cabeza vinculados en un Sentido propio, que es el ajeno. Transpiran un mundo cuyo Valor se cuenta con dignidad humana. ¿Subjetividad?:Hipersubjetividad, pero emanando desde lo Objetivo y fluyendo con el común deseo. Encaminados hacia allá donde el desarrollo social sea la base permisiva del libre desarrollo de cada uno, y, el desarrollo de cada uno, el cimiento y el yunque del libre desarrollo de todos.

Allá donde por fin se juegue sin ser juguete del dinero concentrado en un Casino de millones de kilómetros cuadrados: ahí está la Patria. Allí donde se sabe qué hacer, o se busca saber. Y allí donde puede ser materializado –socializado- el conocimiento. No más descontrol de lo que se produce o no sometiéndose al imperio de la rentabilidad mercantil. No más acción para obtener cambio o para cosechar objetivos calculados. El fruto debe ser efecto y consecuencia, pero no la razón de la actuación, que, por contra, debe nacer de la capacidad. Hacemos porque Podemos. Y con ese hacer propio ampliamos lo que podemos. Nos transformamos. La utilidad viene entonces por feliz añadidura.

Una voz es la de todos. Es todos. E, inextricablemente, es una voz que escucha. No más mirar al cielo implorando agua y capricho desde mil pequeñas parcelas miserables. Se ría, la ingeniería, de la sequía y del precio. Somos Algo. Somos Patria. Somos la universidad viva en cada callejuela del Pueblo. Se vaya a la taberna para festejar y celebrar, mientras deliciosamente, a cada jornada productiva y de vínculo y latido, va cayendo en el olvido aquella necesidad de olvido.

Gratos sois la gente del Pueblo con quien os ha fecundado como Pueblo. No más actos de avestruz; no más meter la cabeza bajo el terreno. No más cánticos pacifistas a “la conciliación de todos” y a la abstracta unidad de toda la nación. No es cierto que todo el mal provenga del exterior: el Imperialismo es el actor determinante, pero, sobre el terreno inmediato, la dialéctica inmediata de juego lo es entre clases progresivas y clases reaccionarias; entre clases las patriotas y las clases venales (lumpenfascistas) y antinacionales (aristocracia “obrera” en las propias filas asalariadas). El presente es la guerra contra los vende-patrias. Es la lucha de clases contra el egoísmo de los aristobreros, quienes han salido a la calle nostálgicos de aquella oligarquía que a la sombra de su viejo Estado les daba privilegio.

¡Tomad vosotros la calle, venezolanos del Pueblo!. Liquidad a los parásitos que incendian vuestra patria para, vendiéndola de nuevo, volver a revivir aquellos “dorados tiempos” de ellos. Unidad, sí, Unidad, pero a través del combate que liquida a los sicarios de la regresión. No puede haber conciliación con buitres y vosotros sois sepultureros. La nación será vuestra, sí, si la purgáis de los exprivilegiados  que esperan recomponer su estatus enlazándose con el Imperio. Esos venezolanos no son vuestros hermanos, sino tan sólo hermanos de ellos mismos y de su interés particular enfrentado al del resto. Alienación y antagonismo entre “lo propio” y “lo general” que, justamente, Chávez tuvo como Principio superar y enterrar. Y, si unos cuantos elementos del Pueblo se cuentan entre ellos, la Patria siempre será la Patria de esos descarriados, y como madre le tenderá la mano, al hijo pródigo rendido a vuestra inmensidad arrolladora.

Tamer Sarkis Fernández,

DIARIO UNIDAD

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