Imatge

Tamer Sarkis Fernández
4 de enero, 2014

Ha publicado el periódico The Independent (Londres) un informe de Charlotte McDonald-Gibson que lleva por título Esta isla es tuya por 8.5 millones de euros: las mayores rebajas en Europa. Según la periodista, la Europa empantanada en la era de los “recortes” brinda un momento de grandes y surtidas oportunidades a ricos, magnates y rentistas. Estos pueden comprar a discreción islas y nacionalidades, aunque ello no sea del agrado de los ciudadanos insulares.

Añade Gibson que 2014 va a ser con probabilidad un buen año para cualquier ciudadano no europeo con millones en los bancos, quien puede ya obtener pasaporte maltés a cambio de acreditar 1.15 millones de euros en cuenta. Tal estatuto le habilitaría a comprar islas griegas, siendo como ha sido puesta, la compra de territorio, a idéntico nivel jurídico (y casi de precio) que adquirir, por ejemplo, un palacio en Polonia o una vieja villa rural italiana.

Si bien el nuevo marco no va a traducirse en compras insulares italianas (al menos en lo inmediato), el caso griego es distinto -y ya está mostrándose distinto-, al sufrir Grecia una grave crisis económica, social y monetaria que empuja a la oligarquía vende-patrias a ofertarla a trozos, ahora también en la dimensión física territorial. Recordemos que, hace poco menos de dos años, el Gobierno alemán “propuso” la venta insular como medida contributiva a saldar la cínicamente llamada “deuda griega”.

En este sentido, afirma Gibson que el anterior Príncipe qatarí Hamad Ben Khalifa Al-Zani compró en mayo pasado y por 8.5 millones de euros seis islas griegas del Egeo (jónicas concretamente). Sobre su orografía construye, el Príncipe, lujosos palacetes para él y sus veinticuatro hijos. Mientras, el Gobierno italiano alquila el Coliseum romano, el puente Rialto de Venecia o la fachada de la Catedral de Milano para el merchandising publicitario de grandes firmas internacionales de la moda, o para el rodaje de películas. Por su parte, las autoridades polacas pusieron en venta el año pasado treinta palacios pertenecientes al Estado, así como prevén poner a la venta otros 140, que podrán ser comprados, de acuerdo a las nuevas normativas sobre patrimonios nacionales en el seno de la UE, por “cualquier” ciudadano europeo con dinero suficiente.

En relación a este punto juega un importante papel la “facilidad” (pecuniaria) para hacerse con pasaporte nacional maltés. Concluye la autora que varios países europeos, además de Malta, ofrecen residencia permanente y nacionalidad completa -tras haber cumplimentado los trámites sucesivos- a todo aquél que invierta más de 650.000 euros en la economía “del país” (por así llamarla). El Primer Ministro maltés estudia elevar esta cantidad de inversión a un mínimo de 30 millones de euros anuales, mientras algunos partidos de la oposición amenazan, si llegan a gobernar Malta, con no reconocer la ciudadanía a los inversionistas.

Recordemos paralelamente, que hace no muchos meses el Gobierno de Rajoy enunció una Proposición de Ley según la que dotar de nacionalidad española a todo aquél que adquiriera en España patrimonio inmueble por un valor de al menos 350.000 euros. Esto beneficiaría sobre todo a alemanes, franceses y británicos, quienes acceden a vivienda española a través del mercado de “reventa” manejado por los grandes bancos europeos en su día avalistas y acreedores de la gran operación financiera especulativa conocida como “burbuja inmobiliaria”. Hablamos, en ciertos casos, de vivienda jamás vendida, pero, en muchos otros, hablamos de vivienda de desahucio.

Los intereses qataríes en las islas egeas están lejos de fundamentarse en el capricho de suntuosos y orondos Príncipes. La motivación ociosa existe, pero lo subjetivo no es aquí más que la punta del iceberg utilizado por el Curso objetivo de la Grandpolitik.

El Mediterráneo oriental es una región sujeta a intereses geopolíticos evidentes. Pero, además, el posicionamiento egeo ubica a Qatar a tiro de piedra de las costas sirio-libanesas, donde en el último año han sido verificados decenas de colosales yacimientos petroleros y de gas, aún por prospectar.

Qatar es, en fin, el vehículo fashion del Hegemonismo USsionista en el Oriente Árabe. Por medio de la presencia qatarí y de sus previsibles cesiones territoriales y en materia de “cooperación”, la inteligencia civil del Hegemonismo y sus destacamentos pueden plantarse en las proximidades de una Turquía llena de incertidumbres políticas inmediatas; mejor si cabe inclusive que a través de un Estado griego netamente alineado con el sionismo.

A su vez, y si el Hegemonismo lograra imponer, por la ofensiva violenta hoy desatada, su proyecto de “Gran Oriente Medio”, el posicionamiento geográfico daría condiciones imprescindibles de vigilancia y seguridad al despliegue de los nuevos oleoductos y gaseoductos subacuáticos en proyecto. Estos habrían de atravesar el Mediterráneo al menos hasta dar con salida terrestre desde las costas adriáticas, y desde allí diseminarse en red nutriendo parte de las necesidades energéticas europeas. Además de negocio voluminoso, la operación golpearía duro a Rusia, principal abastecedora del Viejo Continente en la actualidad.

No menos importante, asegurar el tránsito mercantil marítimo se ha vuelto prioritario para un Israel decidido a ser “el Singapur de Oriente Próximo” (en palabras de Benjamin Netanyahu), haciéndose destacado provisor hacia Europa tanto de mercancías como de Capital Constante (tecnologías, máquinas, combustibles…). En esa precisa clave, los israelíes parecen haber puesto miras de anclaje en un puerto barcelonino ampliado y actualizado, desde donde cargar los productos y trasladarlos, a través de las ferrovías de alta velocidad, hacia los solventes mercados francoalemanes y nórdicos.

Tamer Sarkis, DIARIO UNIDAD